Si la naturaleza pudiese hablar, seguro que le gustaría decirnos muchas cosas. Partiendo de esta premisa, hemos decidido escribir una breve historia sobre lo que podría ser una conversación entre el agua y una persona. Es una entrevista sentida en donde el agua nos expresa sus emociones más profundas.

💧💧💧

Entrevista con el agua

Era una tarde calurosa, de esas de verano en donde la humedad se convierte en tu peor enemiga; sin embargo, el calor imperioso no me había detenido aquella tarde, caminar se había convertido en mi forma de relajarme y en mi momento de conexión con la naturaleza.

Mantenía el ritmo, pero mi cuerpo ya estaba fatigado, me quedaba poca agua y me faltaba una hora de camino para llegar a casa. Mientras me concentraba en dar pasos firmes, escuché un ruido prometedor, era agua que corría por alguna superficie rocosa, lo cual era un buen indicio. Podría llegar hasta aquel ruido, descansar y llevar un poco de agua conmigo.

Y entre ramas, hojas y un suelo algo pantanoso encontré lo que era una pequeña cascada natural y, sin pensarlo mucho, me acerqué a ella. Con mis manos, tomé un poco de agua y en cuanto mis labios rozaron mis palmas escuché casi como un susurro.

Agua: No pensarás beber de mí, ¿es que acaso no sabes todas las enfermedades que puedo generarte? . Y como si de una alucinación o epifanía se tratara, vi nuevamente el agua en mis manos y respondí.

Caminante: ¿Me hablas a mí?

A: No veo a nadie más – replicó con sarcasmo.

C: Bien – respondí lo más natural posible, como si esto no fuese una locura – me queda mucho camino de vuelta y la verdad es que necesitaba hidratarme para recuperar fuerzas.

A: Eso dicen todos, pero luego os encanta alardear en las noticias, periódicos y con títulos amarillistas que yo soy la causa de enfermedades como la diarrea, disentería o cólera. Y que incluso los puedo llevar a la muerte, sin contar eso de que soy ¨la mayor desigualdad¨ del planeta – pronuncia molestacomo si eso fuese posible, como si no fueseis vosotros mismos la causa de todos vuestros males.

C: Entiendo, pero en teoría tú, mi querida agua, no has sido tocada por nuestras sombras. Estás en tu forma más pura, no hay manera de que me dañes – le respondí en un tono apacible, tratando de darle consuelo.

A: No hay forma de que lo sepas, recuerda siempre que este planeta es un 70% mío. En mí recaen la vida de muchos, por no decir que de todos ¡es agotador ser yo!

C: Y pensar que solo el 1% de ti es lo que podemos consumirsuspiro y me sumerjo por un segundo en mis pensamientos – eres un elemento esencial en todo ser vivo.  Te has convertido en un tema fetiche en los últimos tiempos. Por la belleza que encierras, por la fascinación que provocas y por la preservación que necesitas de forma urgente.

A: Suena casi poético, pero ¿cómo me puedes explicar que en el mundo 1 de cada 3 persona no tenga acceso a agua potable? ¿O que mi escasez afecte a más del 40% de la población mundial? – replica amarga.  Mejor hablemos de cómo mujeres y niñas son las encargadas de recolectarme en un 80% de los hogares sin acceso a agua corriente y ni hablar de lo que sufren otros seres vivos.

Me acomodo en el suelo junto a aquel pequeño pozo de agua que, poco a poco, sigue un delgado pero consistente recorrido entre las hojas y ramas que habitan en el suelo. Ella tiene razón, lo sé, y ante sus recriminaciones me quedo sin palabras.

A: No creas que soy una quejica – dice de pronto sacándonos del silencio – no soy la única molesta. Si todos los elementos de la naturaleza pudiesen sentarse un momento entre nosotros y nos escucharais con atención, entenderían nuestro dolor –si el agua pudiese llorar juraría que eso es lo que ocurriría en este momento –. Para nosotros lo más importante siempre ha sido nuestro preciado equilibrio, que mantiene toda la vida de este planeta. Pero vosotros habéis sido bastante persistentes en sus esfuerzos de llevarnos a todos al caos y debo decirlo, ¡que egoístas sois!

Entonces sumerjo mis manos en aquel pozo, en un intento de abrazarla, de ser parte de ella, de transmitirle mi dolor, pero también mi amor. Y entonces lo siento. Pierdo la noción de dónde estoy, la sensación de ingravidez me alberga y me hace sentir que estoy volando. De pronto soy consciente de la belleza que me rodea, de lo importante que resulta preservar todo esto y entonces comienzo a llorar.

C: Encontraremos una forma, ¡te lo prometo! – digo entre sollozos.

A: 10 años es el tiempo que os doy – dice resignada –  Debéis entender que soy la esperanza de un futuro, soy oportunidades de desarrollo, soy vida.

C: Querida agua – respiro para organizar mis ideas – te veo y te siento como parte mí, porque lo eres; tu dolor de alguna forma es mi dolor y cuando te prometí que lo resolvería no eran palabras vacías, son pequeñas acciones que voy realizando – saco mis manos del pozo y miro mi resplandor entre las ondas sé que en el pasado os hemos fallado, pero me gusta pensar o sentir que todo está cambiando. De alguna forma nos han dejado esta profunda lección sobre cómo el egoísmo y el individualismo pueden ser un camino, pero uno muy corto y solitario y que, por el contrario, si nos unimos juntos podemos llegar lejos.

Agua: Qué alivio que lo veas de esa manera. Solo basta con mirar alrededor para entender que somos parte de un gran sistema que se interconecta en formas sublimes, en hilos casi transparentes que permiten la vida en este planeta.

Caminante: Y por eso sé que cuidarte, es cuidarnos, es cuidarme. Y más que una necesidad es parte de nuestro deber, porque sin ti no hay manera de que existamosen ese momento vi el reloj y me di cuenta de que ya era el momento de seguir mi camino –. ¡Debo irme! Se me hace un poco tarde, me despediría de ti, pero eres parte de mí.

El sol alumbraba aquel pozo y de lo cristalino del agua salieron pequeños destellos de diferentes colores. De alguna forma me reforzaban aquellas palabras de que el agua es esperanza y que en nosotros está esa capacidad de hacer el cambio.

💧💧💧