Todos hemos oído hablar de los microplásticos y como en la actualidad son considerados uno de los contaminantes del agua más problemáticos. No sólo por sus efectos sobre nuestra salud, si no por la cantidad de la que estamos hablando. Los seres humanos hemos producido más de 8.300 millones de toneladas métricas de plástico desde que en la década de los cincuenta se iniciara el uso de este tipo de derivado del petróleo. Además, su producción anual ha ido creciendo exponencialmente en las últimas décadas. Pero no sólo su uso es el causante de sus efectos perniciosos sobre el medio ambiente y la salud. El reciclaje inadecuado incrementa el problema, ya que sólo el 9% de los residuos plásticos se reciclan y la corta vida útil de muchos de los productos que contienen o están hechos de plástico (menos de cuatro años en muchos casos) exacerba esta situación.

De este modo, en un corto periodo de tiempo desde su producción, una gran cantidad de plástico termina en ríos, mares y océanos donde su pequeño tamaño (menos de cinco milímetros), les hace perfectos para ser confundidos por la fauna acuática y llegar, de ese modo, a la cadena trófica. De ahí a que lleguen a nuestros platos hay sólo un pequeño paso.

Si bien la OMS declaró en 2019 que la cantidad de microplásticos en nuestra dieta no es todavía problemático, si incidió en que existen graves lagunas de conocimiento al respecto. No conocemos demasiado a fondo la cantidad de microplástico que ingerimos e incluso se duda de cual es la fuente de este. Este es el caso del agua embotellada, que presenta más cantidad que el agua del grifo, sin que se haya podido dilucidar si es por el origen del agua o por el proceso de embotellado. Lo que sí deja claro el informe es que este es un problema urgente, que parte de la solución está en los hábitos de consumo y que es preciso investigaciones más rigurosas e informativas sobre este tema para aclarar a que nos estamos enfrentando a nivel de salud.

A pesar de las dudas sobre el origen, diversidad del plástico y cantidad máxima que nuestro cuerpo puede consumir, existen claros indicios de cómo los microplásticos pueden afectar a nuestra salud a distintos niveles. Gran parte de los plásticos que llegan a nuestro organismo son materiales como parabenos, bisfenoles y ftalatos, presenten en muchos productos industriales, incluidos productos de higiene y belleza. Este tipo de plásticos son conocidos por su capacidad como disruptores endocrinos. Es decir, actúan como miméticos de ciertas hormonas perturbando el sistema endocrino y otros sistemas del cuerpo. Este efecto es especialmente problemático durante el desarrollo infantil y juvenil y durante el embarazo, cuando estas alteraciones pueden provocar graves transtornos de la salud. 

Esta es la razón por la que en los últimos años nos hemos acostumbrado a escuchar los nombres de algunos de estos elementos que contienen o no distintos tipos de plásticos. Quizá los más mencionados pueden ser los productos libres de Bisfenol A (BFA Free), ya que este disruptor es uno de los que mejor se conocen y se ha asociado a problemas de obesidad, diabetes, trastornos de hiperactividad y cáncer de mama y próstata. Por ello en la actualidad es importante comprar productos BFA Free, especialmente aquellos que vayan a estar en contacto con bebés, como los biberones u otros elementos usados en la alimentación infantil.

A la espera de que nuevas investigaciones definan adecuadamente que cantidad de microplásticos podemos consumir sin vernos afectados, es importante abortar el problema tomando decisiones inteligentes de consumo, así como minimizando nuestra exposición a dichas sustancias. Este es el caso de nuestros filtros, que no sólo eliminan el 99,99% de  las bacterias, también nos previenen de metales pesados y microplásticos. ¿Has reservado ya el tuyo?