La semana pasada hablábamos del consumo de agua que hace la industria textil y de como nuestras decisiones a la hora de comprar ropa pueden tener un fuerte impacto en el consumo global de agua. Pero además de las decisiones que atañen a nuestra manera de vestir, hay otras muchas que afectan al gasto diario que hacemos de agua y que deberíamos tener en cuenta si queremos ayudar al planeta y a nosotros mismos.

Entre el agua que consumimos, muy probablemente sin pensar, está la que se gasta en la producción de alimentos. De ahí que la elección de nuestra dieta e incluso de los caprichos que nos damos en el día a día pueda impactar en el consumo de agua. 

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la media del consumo diario de agua en alimentación para una persona es de 3.000 litros y esta media se puede disparar si hablamos de un «Meat Lover», aquellos que comen carne a diario. Esto es debido que el consumo de agua para la producción de carne es 10 veces superior que lo requerido para la producción de la misma cantidad de alimento de origen vegetal y un solo chuletón puede estar rondando los 10.000 litros de agua puesto en tu plato. Estos datos se multiplica en algunos estudios en los que se compara la cantidad de alimento que se extrae en una misma extensión de terreno en función de que sea alimento animal o vegetal, siendo la diferencia de toneladas a favor de la producción agrícola frente a la ganadera.

Si bien estos datos pueden inducir a pensar que ciertas dietas tiene un efecto en el consumo de agua, y así es, lo cierto es que es el consumo inteligente el que nos permitirá mitigar dicho malgasto, ya que una gran cantidad de agua se va en pequeñas cosas que consumimos sin pensar en ello.

De este modo, cada taza de café genera un gasto de 140 litros de agua. Esto supone un consumo de 8.400 litros al mes si tu consumo es de dos tazas al día. Este consumo incluso se ha visto aumentado durante la pandemia del Coronavirus, cuando levantarnos de nuestras improvisadas oficinas hogareñas y tomarnos un café es un ritual que nos permite sobrellevar las abrumadoras jornadas laborales en las que nos hemos visto envueltos con el trabajo desde casa. La pregunta es: ¿habías pensado que supone servirte esa taza extra de café?

Pero no sólo son las bebidas las que están cargadas de agua. Una bolsa de patatas fritas supone un gasto de 185 litros de agua. 185 litros de agua para matar el gusanillo con un alimento ultraprocesado, lleno de grasas de mala calidad y que no es nada recomendable para nuestra salud. En el otro lado de la balanza podríamos colocar alguna pieza de fruta, como la manzana, cuyo gasto de agua es mucho más contenido (70 litros), es mucho más sana y, si viene de cultivos locales, no contribuye a penas a la contaminación ambiental derivada del transporte internacional. Además, ayudarías a la economía local.

 

Imagen extraída de: www.fao.org/assets/infographics/pdfimg/FAO-Infographic-Virtual-Water-es.jpg

Todo es cuestión de decisiones. Podemos intentar ducharnos rápido para así ahorrar agua, pero comernos una sola hamburguesa (2400 litros de agua) equilibraría nuestros esfuerzos de todo un mes corriendo en la ducha o lo desequilibraría por completo tras zamparnos un buen chuletón.

Este tipo de cálculos se hacen teniendo en cuenta el agua que requiere el cultivo del alimento, su procesado industrial y el transporte desde su punto de producción hasta el consumidor final. Por ello, el consumo consciente, la compra de productos locales y de temporada, el equilibrio en la alimentación y el evitar los alimentos ultraprocesados son los principios que deberíamos seguir si queremos reducir nuestra huella hídrica.

Disfrutar de la gastronomía es un privilegio que debemos cuidar siendo conscientes de nuestros hábitos alimenticios, por nosotros y por lo que no tienen tales privilegios.