Este verano, entre anuncios sobre el uso de la mascarilla y la preocupación sobre la ocupación hotelera, nos tenía reservado un cambio geopolítico que de tan inminente se nos ha hecho extraño terminar por escucharlo, pero que va a repercutir rápidamente sobre la crisis del agua que se vive en aquel país. Los cambios en la política de aseguramiento del territorio de Afganistán por parte de Estados Unidos y el imparable avance talibán han hecho por explotar un polvorín que llevaba dos décadas queriendo arder.

Como en cualquier conflicto armado los problemas de abastecimiento de alimentos y agua son de facto los problemas inmediatos a los que el pueblo, sin comerlo, ni beberlo, nunca mejor dicho, se ve sometido. Un pueblo que en un país ya de por si inestable, se ha visto de la noche a la mañana en la más absoluta miseria. A día de hoy se cuentan ya más de 3,5 millones de desplazados y las bajas civiles, según datos de ACNUR, han aumentado un 29% en comparación con el año pasado.

Estuvimos mirando para otro lado y ahora nos sorprende la realidad de la crisis del agua

Tras las primeras reacciones de indignación internacional por la imposición de la sharía, la ley  islámica impuesta por los talibanes, queda la realidad del día a día, que no es otra que una falta total de condiciones de saneamiento y de agua potable que multiplican exponencialmente todo mal asociado a la situación política, religiosa y de falta de derechos humanos.

Afganistán era ya de por sí uno de los países con mayores problemas de acceso  a agua potable y la llegada del fin de la era de la ayuda internacional ha sumido al país en una de las situaciones más preocupantes respecto al agua que tenemos en el planeta. Junto a los problemas derivados del conflicto, este año la sequía ha aportado su granito de arena a la situación y se calcula que se han perdido el 40% de las cosechas. Como resultado de lo anterior, un tercio de los afganos, es decir 14 millones, están pasando hambre y dos millones de niños sufren graves problemas de desnutrición y necesitan tratamiento urgente.

Sin embargo, la aprensión con la que vivimos estos momentos no nos debe hacer olvidar que los problemas estaban allí de antes, desde mucho antes del 31 de agosto, día en el que Estados Unidos abandonó el país. Siendo uno de los países con mayor inseguridad hídrica del mundo, se calcula que la mitad de la población, 17 millones de personas, no tenían, ni tienen, acceso a agua potable.

Educación para potenciar los beneficios del agua y paliar la crisis

La falta de agua en la infancia es uno de los mayores problemas que vive el país y tiene efectos directos sobre el crecimiento infantil y la mortalidad. Afganistán es el tercer país del mundo con mayor mortalidad infantil, 161 por cada 1000 nacidos, y se considera que el 23% de los casos están relacionados directamente con el agua en mal estado y la falta de un saneamiento eficaz.

Pero no sólo es una cuestión de la falta de acceso, también tiene que ver con el buen uso de los pocos recursos que les llegan. El conflicto que se vive en la zona nos hace pensar que la religión y la educación son temas principales, pero no debemos olvidar que hay otros tipos de educación que en este momento salvan vidas. Concienciar a los niños sobre el uso de los recursos y sobre los cuidados en higiene personal va más allá de un mero tramite y es, en el fondo, lo que marca la diferencia entre que el trabajo de abastecimiento de agua y servicios de saneamiento funcionen o no funcionen. ACNUR y la crisis del agua en Afganistan

Por ello, desde hace años y desde distintas entidades, como UNICEF y ACNUR, han intentando transmitir un mensaje sobre la higiene formando al profesorado, aquellos que están más cerca de los niños y que pueden influir en un mejor usos de los pocos recursos que les llegan. En este ambiente, también distintos lideres religiosos han sido formados para promover la higiene como única solución para disminuir el alto índice de muerte infantil en la región.

ACNUR es una de las organización que siguen presentes en el terreno y no quieren abandonarlo. Si deseas ayudar, puedes contribuir desde este Enlace.

Si bien, la inmediatez nos dicta preocuparnos por la violencia y la religión, no olvidemos que millones de Afganos tienen primero que beber y comer para poder empezar a preocuparse de otras cosas.