Si hablo de Cromo, quizá alguno se retrotraiga a su antigua colección de cintas de cassette, pero en realidad estamos hablando de un peligroso metal que provoca la contaminación del agua. Los metales, si son pesados, nos recuerdan desastres naturales y de salud, aunque en muchos casos ni siquiera sabemos que significa que un metal sea pesado. 

 Un ejemplo claro del peligro que tienen este tipo de contaminantes se ve en el famoso caso dramatizado en la película Erin Brockovich, donde un pueblo completo se ven involucrado en un gran juicio debido a la grave situación de salud que ha provocado el vertido de cromo hexavalente en las reservas de agua subterráneas que abastecen a la población. La multiplicación de casos de cáncer en el pueblo levanta la sospecha sobre la existencia de algún tipo de problema de contaminación ambiental y a partir de ahí somos testigos de como el agua contaminada puede llegar a destruir la vida de cientos de familias.

Este tipo de ejemplos nos previenen del uso de agua en malas condiciones, pero… ¿qué son los metales pesados y qué efectos tienen en nuestra salud?

Los metales pesados son un grupo heterogéneo de elementos químicos que se han englobado dentro de dicha nomenclatura no sin cierta controversia. Aunque en principio todos ellos comparten un elevado peso atómico o una alta densidad, no todos los metales pesados son tóxicos, ni todos los metales tóxicos son pesados. A pesar de estas discrepancias y de que hay voces que abogan por un cambio de nombre, el concepto está ya tan asentado que no será fácil ese cambio y en todo caso, sirve para entendernos.

El grupo de metales pesados incluye principalmente metales de transición, algunos semimetales, algunos lantánidos y algunos actínidos. Los más importantes y que más nos deben preocupar son: arsénico, cadmio, cobalto, cromo, cobre, mercurio, manganeso, níquel, plomo, estaño y talio. Muchos de ellos aparecen en la naturaleza de forma normal y en concentraciones bajas, e incluso algunos de ellos, como el cobalto, cobre, manganeso y níquel son necesarios para los humanos, claro está, en concentraciones muy bajas. 

Sin embargo, el gran problema es la acumulación exacerbada derivada de algunos procesos industriales como la extracción de metales desde la roca, preparación de combustible nuclear o procesos de eletrodeposición, como la galvanización.

El cromo como elemento químico puro no se encuentra en la naturaleza y es extraído del subsuelo en forma de minerales, principalmente de cromita. Este es un metal blanco plateado, duro pero quebradizo, que se utiliza principalmente para la producción de aleaciones anticorrosivas de gran dureza y resistencia al calor y en galvanizados. También en la industria textil es usado en pigmentos y colorantes, así como en la curtiembre de cuero. Estos nos debería hacer reflexionar sobre nuestro consumo de ciertos objetos, donde el cromo es usado sólo con un efecto cosmético.

Si bien su inhalación es la principal vía de exposición, el cromo también se puede dispersar en el agua donde, por ejemplo, la EPA (Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos) ha establecido como limite de seguridad 0,1mg/L de cromo total.

No todos los cromos son malos per se. De este modo, en su estado de oxidación como Cromo (III) es un elemento que podemos obtener de ciertas frutas y verduras, y su ausencia en la dieta puede afectar a nivel cardiaco y en el metabolismo del azúcar.

El cromo (VI) o hexavalente es el verdadero problema ambiental y de salud. A nivel ambiental, una vez que llega al agua puede tener efectos sobre los peces, provocándoles problemas en las agallas afectando su respiración, defectos de nacimiento, infertilidad y formación de tumores. 

En nuestro caso, los principales efectos se dan a nivel cutáneo, con la aparición de erupciones; a nivel gástrico, con problemas de estómago y úlceras; problemas respiratorios; debilitamiento del sistema inmune; daño en los riñones e hígado y sobre todo a nivel genético y epigenético, donde terminará provocando la aparición de cáncer si la exposición a él es continua en nuestra vida. El efecto del cromo hexavalente sobre la aparición de tumores en el tracto respiratorio es algo muy conocido y asociado a su exposición ocupacional, pero también es causa de tumores de  próstata y estomago, donde el consumo de alimentos y agua contaminada puede tener un efecto mayor.

Si bien el Cromo (VI) en sí mismo se considera que no es mutagénico y que no interacciona con biomoléculas en las células, los procesos de desintoxicación celular llevados a cabo para su eliminación conducen a diversas lesiones en el DNA, genera toxicidad dentro de las células (citotoxicidad) y termina provocando el desarrollo de tumores. Uno de los principales mecanismos por los cuales el Cromo (VI) induce daño celular es a través de la generación de especies reactivas de oxigeno (ROS), es decir moléculas oxidantes. El efecto también se extiende a la epigenética celular, la cual se encarga de regular nuestro genoma, y que termina provocando cambios complejos en: la expresión de genes; la regulación de la división celular (ciclo celular); la muerte celular programada (apoptosis) y en definitiva colabora con la aparición de los tumores. En conclusión, el cromo (VI) nos oxida por dentro provocando todo tipo de deterioros celulares.

Teniendo en cuenta todos los estudios epidemiológicos y experimentales que muestran una asociación entre exposición a cromo (VI) e incidencia de cáncer en humanos y animales, tanto la EPA, como la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), clasifican al cromo dentro del grupo 1 de carcinógenos. Por lo tanto, es importante entender la necesidad de una seguridad alimenticia que disminuya la presencia de Cromo (VI) en alimentos y fuentes de agua.