Si creciste en los 80 muy posiblemente no tenga que explicarte como es el mercurio. ¡Es divertido! Posiblemente lo único divertido de caer enfermo y de que te tuvieran que tomar la temperatura. De vez en cuando, un descuido terminaba con el termómetro en el suelo. Tras la angustia inicial, llegaba un espacio de perfecta diversión intentando atrapar aquel liquido-solido, brillante como un espejo y que se movía como con vida propia.

Esa tinta roja o azul que sustituyó al mercurio en los termómetros evitó seguir jugando a las siguientes generaciones. Pero, a la vez, nos alertó a todos de que no era muy sano tener dicho elemento al alcance de la mano de los niños y no tan niños. Pronto aprendimos que el mercurio formaba parte de los metales pesados, aprendimos de sus efectos tóxicos y dañinos sobre la salud y el recuerdo de intentar retenerlo entre los dedos dejo de ser tan feliz para convertirse en inquietante.

¿De dónde viene la contaminación con mercurio?

Si bien, como cualquier otro metal, es normal su presencia en la naturaleza, ha sido su explotación  industrial la que ha creado un problema que arrastramos todavía, décadas después de que se regulara su uso. En Europa está prohibido su uso industrial. A pesar de ello, la combustión de carbón, turba, lignito y madera suponen, todavía, un importante aporte de emisiones de mercurio.

En otras partes del globo sigue utilizándose en algunas industrias y, sobretodo, en la extracción de oro. En este caso es un proceso casi siempre asociado a la minería ilegal o no regulada. Esa utilización, en concreto, supone más de un tercio de las emisiones globales de mercurio y un riesgo para las personas que lo utilizan a diario.

A pesar de esta reducción de uso, la herencia de su intensa utilización durante años ha hecho que todavía tengamos niveles de mercurio muy elevados. Un 500% superior a lo normal en el aire y un 200% en el agua de mares y océanos. Y las previsiones no son nada halagüeñas debido al mantenimiento de su uso en ciertos países y su fácil diseminación.

¿Por qué el consumo de pescado está relacionado con la exposición a mercurio?

La alta acumulación marítima es la más preocupante ya que, de forma bastante rápida, se incorpora a nuestra cadena alimenticia. El consumo de grandes depredadores marinos como el atún y el pez espada, y otros de rio como el salmón, puede ser una preocupante fuente de exposición. Esto es debido a que al ser los animales más grandes de sus ecosistemas suelen acumular el mercurio que animales más pequeños han ido ingiriendo. De este modo, ellos terminan siendo el repositorio más importante de este metal pesado.

Efectos del mercurio sobre nuestra salud

Los efectos para la salud humana se centran en su potencia como neurotóxico. La exposición perinatal es la más problemática causando graves problemas en el cerebro y el sistema nervioso del feto. Además, estos efectos son de por vida. De ahí las recomendaciones sobre el consumo de pescado y marisco a las embarazadas. La desregulación epigenética de factores tan importantes como el BDNF (Factor neurotrófico derivado del cerebro) afecta al desarrollo del hipocampo. Este hecho tiene graves repercusiones en el recién nacido, causando problemas de aprendizaje, memoria, lenguaje, atención y depresión. La cantidad de recién nacidos afectados por este tipo de exposición también es preocupante, ya que se calcula que alcanza 1,8 millones de niños, sólo en Europa.

¿Cómo podemos ayudar nosotros con el mercurio?

Si bien, las políticas nacionales y comunitarias luchan por disminuir los niveles de mercurio, no hay que olvidar que también nosotros podemos contribuir a su descenso con algunas decisiones personales. Por un lado, a nivel de alimentación, debemos exigir seguridad alimenticia y un adecuado etiquetado de los alimentos que faciliten la vida, por ejemplo, a las embarazadas. Por otro, podemos recudir el consumo de ciertos productos con mercurio entre los que encontramos pilas, bombillas y equipos eléctricos y asegurarnos de desecharlos adecuadamente para que no contaminen en caso de usarlos. Disminuir el uso de combustibles sólidos para calefacciones es otra decisión de la que debemos ser conscientes. Por último, uno de los productos en los que podemos decidir es con los empastes dentales, los cuales todavía utilizan mercurio, siendo fácilmente sustituibles por empastes libres del mismo.

Nosotros podemos contribuir al descenso de mercurio con algunas decisiones personales.